«Había probado terapia gestalt, constelaciones familiares, libros de psicología… Entendía el origen de lo que me pasaba, pero no era capaz de sentirme valiosa. En la primera sesión de respiración me costó muchísimo soltarme, y cuando me lo permití fue como derrumbar parte de un muro. Ahora no solo busco entender: observo cómo me siento. Me siento con confianza, más amorosa y compasiva conmigo misma. A quien lo esté pensando le diría que se atreva.»
R., economista